lunes, 23 de diciembre de 2013

En la vía

El calor de este 23 de diciembre era cruel. El sol parecía agarrarme del brazo cuando salí, era insoportable. Pero tenía que comprar una bombilla y mañana ya no sabía si encontraría los bazares abiertos, así que allí me vi, calcinándome sobre la brea de la avenida Centenario, buscando la vereda de la sombra. En el clásico bazaar de Alsina consideraban a las bombillas como elementos de lujo por lo que se veía. Las más baratas eran unas que no sirven, y me pareció una maldad que se permita esa venta. Algún necesitado distraído caería en la trampa y viviría destapando su bombilla veintinueve veces por cebadura.

domingo, 27 de enero de 2013

El eje de la Creación


El cielo se iluminó, las nubes enarbolaron muros de colores ocres y amarillos, sonaron las trompetas de los ángeles que formaban en larguísimas filas y el resto del mundo angélico se reunió en gradas infinitas entre el canto intenso de los coros de los querubines que aún no se veían, tronó el tiempo, tronó la luz, y entró Dios.

Los querubines que lo rodeaban se apartaron un poco y su canto se volvió lo único audible. La majestuosa y monumental presencia inmensa de Dios se ubicó en un sitio y habló. Los querubines callaron y solo retumbó eternamente el eco de cada una de sus palabras.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Je veux seulement oublier, et puis je fume

Las imágenes se juntaban como bichos en el parabrisas. No eran elegantes ni prolijamente seleccionadas. Todas estaban reventadas frente a sus ojos. Otro trago. El fernet lo sedaba un poco. Le sacaba ese pellizco tenue pero constante que llevaba como un prendedor en el pecho.

sábado, 27 de octubre de 2012

El rito del repiqueteo

Repiqueteaba los dedos sobre la fórmica de la mesa. Un tango..., no, una canción de Calamaro. Era lo mismo, era la percusión de la danza inmóvil de la soledad. La brisa novata de primavera soplaba niña y suave sobre la piel quemada por un sol que aquella tarde sorprendió a todos. Pero no servía. No habrían servido cien odaliscas tomando el té, no habría servido un estadio lleno coreando su nombre porque la soledad es una elección y él la había elegido. No sabía salir de ella, y practicaba la danza de los dedos en la fórmica. Elegir algo que uno no quiere... es absurdo, pensó, pero ahí estaba. La música se había apagado, y hasta era mejor. ¿Para qué simular que alguien está cantando? Nadie canta, solo el repiqueteo era real.

miércoles, 25 de julio de 2012

Sobre la muerte, o nada

No sabría explicar por qué, ni me desvela saberlo, pero lo cierto es que algo me pasa con la muerte. No le temo, al menos en esta situación pasiva en donde no siento el riesgo a morir en ningún momento, no sé qué pasaría bajo el riesgo real de morir, pero en esta situación tranquila la muerte no me preocupa. Una vuelta estuve atrapado en un balcón pequeño de un décimo piso, y acusaron su presencia el vértigo y la claustrofobia, pero la muerte no. No tuve miedo a morir. Uno podría preguntarse cuál es el riesgo de morir de una persona atrapada en un balcón, y la respuesta es la misma para el vértigo y la claustrofobia, sin embargo ellas aparecieron y la idea de la parca... no.

miércoles, 28 de marzo de 2012

"Vieja Estación de Provincia"

Durante muchos años busqué está canción. Vieja Estación de Provincia. La conocía de chico, no sé bien si de guitarreadas o de la radio. Pero el tiempo fue pasando y recuperé todas las canciones que me propuse reencontrar, menos esta. 

domingo, 4 de marzo de 2012

Ayelén

Son dos los cuentos. En uno yo venía trotando por Libertador, por la plaza que da a ATC por la mano de Figueroa Alcorta, cuando paso a una chiquita sentada en un bordecito de pasto que me dice "señor...". Yo la miro y quiero seguir, pero el tema de los chiquitos no lo manejo bien, y medio paré. Estaba sola en la plaza y tendría seis años, tal vez ocho. Cuando me vio trotar más lento volvió a hablarme.
--Señor, ¿puede llamar a la policía?

domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre un cajón de verdura

!Tocaba tan bien! Lo venía escuchando desde hacía un rato. En la peatonal Florida de Buenos Aires es muy difícil ver nada más que unas cabezas a lo lejos, y ese acordeón se escuchaba tan alegre... La música me hacía mirar para arriba, como si fuese a encontrar al artista flotando en el aire, y ya llevaba tres pechazos y una patada a un bolso pesado. Pasé un quiosco de revistas, crucé una calle, caminé, caminé, pero la música empezaba a alejarse.

jueves, 10 de noviembre de 2011

"Todo listo"


"...otra vez en la monotonía, en la llanura. Cuando podré estar mejor? Si, ya lo sé, cuando enfrente a los fantasmas que me ciegan, podré ver lo que quiero para mi vida. Sé que saldré adelante, de eso no tengo dudas..."

lunes, 5 de septiembre de 2011

Días sin gusto a nada

Elidióstenes disfrutaba de su mate en la galería de su casita en Bernal. Era otro día raro, uno de esos días sin gusto a nada que sobrellevaba de buena manera con un libro de Juan Forn, cuando notó el comienzo del silencio.

martes, 16 de agosto de 2011

A veces...

A veces empujo una ventana, dos hojas de vidrio partido que se alejan ligeras de mis manos y dos cortinas de liencillo crudo parecen aprovechar el descuido a las apuradas y tratan de escapar volando, como el pelo de una mujer en la playa, y una ola de aire tibio rompe contra mi en un abrazo de mucho tiempo sin vernos. Los aromas se descontrolan como si Dios volviese en un rato, y vienen de cualquier lugar gatillando mis recuerdos como fuegos artificiales. La luz está contenta y sonríe, quema, blanquea cualquier cosa humillando a verdes y azules que no pueden a tanta fuerza. Sonrío.

jueves, 21 de julio de 2011

Quinta historia: El pelirrojo

--Che, vi las historias que pusiste en el blog.
--Sí, son como son, pero son verídicas.
--Sí, las conozco, sé de quién son. ¿Vas a poner la mía...?
--¿La tuya?
--La que me pasó a mí...

***

sábado, 16 de julio de 2011

Cuarta historia: Tarde para volver a casa...

"Esta historia no me pasó a mí --me dijo--, pero le pasó a una persona a la que le conté estos cuentos, y aún sabiendo que no soy de inventar historias, no me creía. Un tipo que no cree en aparecidos ni almas en pena. Bueno..., no creía..."

***

A pedido, cambio los nombres. Preferiría omitirlos al no poder colocar los reales, pero este cuento lo amerita. Esto sucede en cualquier lugar del Norte argentino, que es, en definitiva, donde ocurrió esta historia. El protagonista, Santiago, no se llama Santiago.

jueves, 7 de julio de 2011

Tercera historia: La casa de Chasquivil

Se hablaba por los pasillos del colegio, era un secreto a voces que fue tomando cuerpo, sumando detalles, hasta que, como la morena en el lago, el oleaje de rumores trajo nombres a la capellanía. El padre, ante tanto revuelo, y siendo "el cura", tuvo que echar luz sobre el tema del que tanto hablaban en el patio todos los alumnos del colegio, y decidió hablar con los nombres que deambulaban por ahí. No llamó a todos, sino a uno solo, al hijo del dueño de la casa, que lo sabía poco fantasioso y que le iba a decir la verdad.
--¿Pero entonces es cierto? --preguntó el padre asombrado.
--Sí, padre. Los otros cuatro pueden venir a contarle la historia también... ¿Puede ser que existan estas cosas de verdad, padre?

jueves, 30 de junio de 2011

Segunda historia: El campamento de Anfama

¡Qué mejor lugar para hacer un campamento que en Los Campitos, en la vasta región montañosa de Anfama, en los Valles Calchaquíes, que estos chicos tienen casi en las puertas de sus casas! Adolescentes briosos y ligeros, imparables, incansables, trepando, subiendo, explorando, bajando por cada roca, por cada lomada, por cada barranco... hasta conseguir que descarguen toda la fuerza de su crecimiento y su rebeldía..., y por eso, y porque es muy lindo, y muy cerca, el cura había organizado el campamento en Los Campitos, donde ya empezaba a atardecer, y con el atardecer empezaba a llegar la bruma de la tarde, y con la bruma...

jueves, 23 de junio de 2011

Primera historia: El Camionerito

--Podés contar las cuatro historias siempre y cuando no me menciones.
--Obviamente. Si digo que justamente a vos te pasaron estas historias... sería muy fuerte...

*** 

Hacía... no sé cuánto tiempo que no lo veía. Lo encontré hablando con mis padres. Nos saludamos, terminó de hablar lo que hablaban y aproveché para preguntarle, "che, ¿son ciertas esas historias que dicen que te pasaron a vos?". Me miró con sus cejas pobladas, con su cara llena de sierra, de pampa, de norte... me miró sin tanto entusiasmo. "Sí", contestó.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un cigarrillo...

Tito Rodriguez se aclaró la voz, dio un paso y se puso al lado del micrófono. El Caribe mimaba la piel de todos los que, con ropa liviana, pero elegante, esperaban escucharlo cantar. Ya no le impresionaban las salas llenas, las miradas desorbitadas de las mujeres... Se concentró, lo justo, lo necesario, y empezó.

"Un cigarrillo, la lluvia y tú, me trastornan. Dejo mis labios sobre tu piel, me vuelvo loco..."

domingo, 13 de marzo de 2011

Como en Tandil

Hoy la mañana me despertó igual a como lo hacía en mis mañanas de Tandil. Con un fresco sin sweater, con el mimo de un sol tibio e incandescente que me roza los brazos, la cara, y me endereza la espalda. Con los poros abiertos, el cuerpo vivo, el pelo atravesado por la brisa, esa brisa fresca que dice que es fría, pero que absorbo por cada célula sin abrigo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Yo la amé

De pronto la pantalla se puso oscura y enseguida empezaron a ascender los nombres de los actores. Con mis doce años no me podía mover de la butaca. Papá me habrá agarrado la mano, habré bajado las escaleras, no sé. Yo solo tenía en mi mente la carita de ella, su sonrisa apretada, sus pómulos redondos y sus rulos naranjas por toda la cabeza.

jueves, 17 de febrero de 2011

El negocio del corazón

Entró erguida, con paso elegante, pausado pero no lento, marcando con el compás de sus tacos el leve oleaje de su cadera. Hombres y mujeres ya sentados en las mesas la miraron y la conversación estridente amainó en un murmullo regular. Su pelo rubio y suelto resaltaba sobre los hombros de su saco azúl oscuro, y una falda elegante prohibía mirar por sobre sus rodillas. Se sentó al lado de un conocido empresario de bienes raíces, conocido en todo Long Island, pero también conocido por ella, amigo personal que frecuentaba su local buscando, alguna vez, conquistarla.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sonrisas conocidas

Este post fue un saludo que le hice a una amiga mía para el año nuevo del 2009. Supe que anduvo dando vueltas por mail, y si bien a mucha gente le sirvió para algún momento o alguna circunstancia, irónicamente hoy yo empiezo a leerlo con más detalle, y a descubrirle cosas que, en su momento, no comprendía en su verdadera dimensión.
Mk

sábado, 20 de noviembre de 2010

La Victoria

Terminaba el almuerzo, se corrían las sillas, se paraban los grandes, y yo saltaba de la mesa y corría a la puerta. Era la hora de la siesta, la más esperada, donde los grandes mágicamente desaparecían de todas partes y el campo era nuestro. Abría la puerta-mosquitero de un empujón y corría. Corría a los lugares donde ya podrían estar "todos".

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Las dos puntas de un mismo ovillo

Hoy murió Oscar, el marido de mi prima, mientras esquiaba en Ushuaia. Una persona muy querida, y mientras iba pasando la noche, a los llamados de felicitaciones por el cumpleaños de mi padre, llegaban los llamados dolorosos intentando explicar lo que nunca se entiende, y dando, siempre, versiones diferentes del hecho.

lunes, 30 de agosto de 2010

Bajo la glorieta

La galería de la casa donde bailábamos tenía una especie de glorieta incorporada en la mitad. Ahora nadie bailaba y estabas vos, haciendo algo que, a la distancia, no entendía. Ibas y venías, no sé. Me hiciste un gesto con la mano para que me acerque. Todos estaban en sus mesas, o agrupados de pie por el jardín, y yo, solo en una de las mesas más alejadas, me paré y fui a donde vos.

martes, 22 de junio de 2010

Nachito, "el profeta"

No sé si miraba la escultura prismática que estaba en la vidriera, o mi propio reflejo que se imponía sobre ella. La tarde noctámbula del otoño y la lluvia me hicieron parar en la elegante calle Arroyo y mirar ese tótem extraño como un gusto refinado que le daba a esa tarde de melancolía. Una bocina grave sonó con mi apellido, un clásico saludo porteño, y me di vuelta. Era Nachito, el profeta.

viernes, 4 de junio de 2010

Todo por Carmina

Para todos tenía una sonrisa, un gesto lindo con sus manos, un giro con la cola de su pelo. Para todos menos para mí. Y yo sé que era, de todos sus amigos, el que más la quería, tal vez el único que adoraba sus ojos grandes, sus pestañas floridas, su sonrisa tan atractiva, su risa de angelito…