sábado, 11 de agosto de 2007

Emmanuel Ortega y el secreto de la masculinidad.

A mi me contaron que Emmanuel Ortega usa almohadones en sus nalgas para mostrarse como un Apolo frente a su público femenino, y a alguno que otro más. No habrán funcionado otros recursos más caseritos como la barba de tres días, o el tajo en la frente dando pie a cualquier mentira aguerrida. No. Habrá sido necesario el accesorio... --no, culinario no, es que no quiero utilizar la cruda palabra... el accesorio trasero (ahí 'ta)--, habrá sido necesario utilizar el accesorio trasero para que las fotos lo muestren como un hombre atractivo a las mujeres. Al cuerno sus canciones, las composiciones de sus letras románticas, y cualquier otro elemento que lo eleve del común de los mortales. Me contaron que se puso las almohaditas y el público femenino rugió. Desbancó pasamanos, volteó puestitos de pochoclo,... no hubo manera de contener a esa orda de mujeres encandiladas por sus almohaditas.


Fernando Milquelas, intelectual de poca monta --pero intelectual al fin--, me lo contaba y sus ojos se abrillantaban como un viejo merengue de rogel. Emmanuel tenía su orda de mujeres desfatachadas, y él fastidiaba con su presencia hasta a las viejas charletas de los más despreciados kioskos de capital.

Yo pagué. Pagué ese café sin gusto ni azúcar con tal de no ver en su mirada otra derrota más. Nos despedimos con una mano vertical e indiferente, y cuando creí estar un poco más lejos, me di vuelta y pude ver que de adentro de su pantalón, cubriendo un poco el trasero de su cinturón, salía de su cadera la manga asfixiada de un viejo sueter preso entre sus nalgas. Por eso sé que Emmanuel supera su música inspirando a los intelectuales de tablón.

1 comentario:

  1. No podés ni imaginarte, Mark, lo importante de la denominación del apresto posterior. Las mujeres hace muchos años ya que lo utilizan en lugares recónditos de sus cuerpos. Una vez utilizados los abandonan, muchas veces disimuladamente, en tachos de basura. Un tal Epalarraqueta, con quien crucé algunas palabras en un viaje de larga distancia entre San Isidro y Tandil, me dijo que él mismo pudo presenciar los gritos desaforados del tal Mikkelas -a quien refirió como un filósofo que padece la incontinencia verbal en las noches de luna llena- arrojarse al piso de un baño público en actitud de adoración hacia esos apósitos femeninos. Una cámara de seguridad de la estación terminal de la ciudad serrana le dio difusión en Canal 8. Es cierto, Mark, ciertas almohadillas hacen desastres en los segmentos más degenerados de la sociedad.-

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