jueves, 30 de agosto de 2007

Un universo se detuvo en Cruce Fulton

No le hice ninguna seña. Su viejo camión Ford colorado cruzó la vía con precaución y, mientras lo hacía, me miró y me hizo una seña con la mano. Una seña curiosa, es un dedo o una mano que señala, en un movimiento de abajo hacia arriba, señalando la ruta. Ese movimiento significa exactamente: ¿Vas a… Tandil? Los puntos suspensivos son porque el mismo gesto se reserva a la segunda impresión cuando yo ya esté subiendo al auto. Ahí, ese gesto guarda el “Tandil” por si hay un cambio de opinión. Pero no hubo dudas. Abrí la puerta y me confirmó el gesto. ¿Vas a Tandil? Y me subí.


El mundo desde un camión se ve diferente. Pareciera que es una oficina con vista a la ruta. Empecé verborrágico.
--Gracias por levantarme. Yo no hago dedo porque… --pero ya prácticamente no pude hablar más.
--Sí, seguro que nadie te levanta, pero los camioneros siempre levantamos.
Quise agregar algo pero fue imposible.
--Yo siempre levanto, excepto en Buenos Aires o en Mar del Plata, que es diferente. Pero en la ruta es gente de campo. Siempre levanto. ¿Esperabas el Río Paraná?
--Sí –pude responder.
--Sí, me pareció. Yo transporto tractores. Soy transportista de tractores. Llevo tractores de acá para allá. Nosotros tuvimos la concesionaria de Massey Ferguson.
--¿En Tandil?
--Sí. Vendíamos tractores. Y nos iba muy bien. Un mes llegamos a vender 36 tractores. Tenemos la foto de los 36 tractores juntos.
--¿Y qué pasó?

Pasó lo que le pasa a tantos que me levantan en la ruta, sin que les haga dedo. Pasó la tragedia. Pasó lo que cuesta tanto digerir en la mente. Pasó que algo salió mal, algo cambió todo, y la vida ya no era posible como antes.

--Y… Massey Ferguson vendió la empresa por miedo a la guerrilla, y la compraron unos argentinos, que usaron la plata de la indemnización, que era para los concesionarios, para poner en marcha nuevamente la fábrica, pero ya nacional. Y no funcionó. Tuvimos que vender el campo… Todo. Tuvimos que vender todo.

La Laura era el campo que les había dejado la familia, sobre la 74. La familia Lavayén era una de las que había industrializado Tandil. Empezaba de una manera violenta, suscribiéndose en la historia local. El tuerto Lavayén, bisabuelo suyo, era el que había matado a “Tata Dios”.

--¿Sabés quién fue Tata Dios?
--No.

Tata Dios era una historia larga y siniestra de Tandil. Tata Dios se llamaba Gervasio Solanet, y era un fanático religioso que mataba familias extranjeras.

--¿Cómo es su nombre?
--Lavayén.

El pueblo custodiaba la prisión donde estaba recluido Solanet. Y una noche, los dos que estaban de guardia, resolvieron que si Tata Dios se escapaba era muy peligroso. Que había que matarlo. Tiraron una moneda al aire y el tuerto cumplió con su destino. Colocó la bayoneta por la mirilla de la puerta de la prisión, y disparó.

--Estamos en la historia de Tandil --dijo, no con orgullo, sino como corrigiendo la injusticia del destino actual. De tanta sombra.

--Nosotros tuvimos una cerealera…
--¿Sí? ¿Y qué pasó? – no encontraba otro sinónimo para la conversación, porque parecía que les hubiera pasado todo, pero Lavayén siempre empezaba por los copetes… Lavayén…--- ¿Cómo es su nombre?
--Lavayén.
--Pero su nombre…
--Eduardo.
--¿Eduardo, qué pasó con la cerealera?
--La cerealera era muy importante, pero un día se fueron los empleados que conocían el negocio. Y se terminó.
--¿Se fueron a dónde?
--Abrieron una cerealera. Juliarena y Perrone trabajaban en la empresa. Y un día apareció Usandizaga, que se había casado con la hija de Perrone, y les ofreció abrirse. Usandizaga puso la plata, y los dos se fueron.
--¿Juliarena, Perrone y Usandizaga fueron empleados de ustedes?
--Usandizaga no. Juliarena empezó a los catorce… a los diecisiete… el padre tenía un almacén. Empezó sin nada de nada. Hoy Perrone se abrió y tiene un campo no sé donde. Usandizaga tuvo el problema de Impopar y logró rescatar el campo ese de Fulton porque estaba a nombre de los hijos.

El que había sido jefe de ellos tenía la mirada clavada en la ruta. Una cerealera, una manzana en Tandil, mil quinientas hectáreas de campo, una concesionaria de maquinaria agrícola… Y hacía quince años que manejaba el transporte de tractores. Un camión viejo. Viejo pero fiel. Seguro.

--Vendimos todo. Mi hermano es empleado, pero yo, cuando la cosa empezó a ponerse fea me compré el camión. Yo siempre trabajé en el campo. Siempre me gustó. Lo que pasa es que trabajaba para mí. Por lo menos manejo mis tiempos. Ya no viajo lejos. Me jubilé y solo hago viajes por acá. ¿Vos sos Grondona? Yo hice un viaje por allá, a lo de Grondona. A Las Overas.

Ya habíamos pasado la Vasconia. La historia fue más larga. Detalles, recuerdos, algún momento muy triste…
--Tengo que llegar antes de las 12 porque sino me cierran y me quedo clavado con el tactor hasta las tres.

Me bajé a tres cuadras de la Terminal. Me bajé con otra historia densa, pesada, y al mismo tiempo suave, ya asimilada.
--¡A los Fulano de Juarez, que estaban con Deutz, les fue peor! Muchos cayeron en ese entonces, pero nosotros elegimos pagar. Por eso perdimos todo…

Frases. Frases que le recuerdan que haber perdido todo por pagar a los acreedores valió la pena. Debe valer la pena.
--Nosotros pagamos, y nos podemos quedar en Tandil. Nadie puede decir que no pagamos.

Frases.

El camión se alejó. Se llevó el tractor, y una página de la historia de Tandil. Una historia de cientos de personas. De miles tal vez, que estuvieron involucrados con la historia de una familia. Con la historia de una persona. Con la historia de Eduardo. Eduardo Lavayén.

3 comentarios:

  1. Excelente Marcos, muy bueno y muy bien escrito

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  2. Marcos: gocé con el cuento. Rescato la sensación que me viví cuando con vos me subí al camión: cómo se veía todo desde arriba... (además creo que estábamos todos viendo lo mismo: a la izquiera, Cerrillada; a la derecha, lo de Esteban PY) Incluso me sentí rebotar sobre los resortes cansados de ese asiento entero del camión, de jirones de cuero negro sobre la gomapluma asomada, con olor a monturero cuando llueve. Gracias, y espero que lo de "dos y paramos" no se aplique por favor a tus excelentes ocurrencias...

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  3. Ya lo dijo Pappo: "Siempre es lo mismo". Los que hacen dedo pueden ser ángeles de Dios, generosos hasta el paroxismo; gente que necesita que uno hable para no dormirse, o fulanos que precisan contar su historia. Te recomiendo que busques un libro, "De viajes y viajeros", inédito, es un anillado que podés encontrar en uno de los anaqueles de la Biblioteca Popular Gervasio Somoza de la ciudad de Maipú, provincia de Buenos Aires. Hay una reseña publicada en un blog que publica un descendiente de Somoza y que promueve esa institución cultural bonaerense. Ahí se difunden secretos y anécdotas que pueden ilustrarte respecto de algunos peligros que se suelene vivir en estas odiseas. Por ejemplo, te dice qué debes hacer si te piden que les cebes mate; hay un enorme anecdotario al respecto y advertencias respecto del roce que a veces se produce entre las manos del conductor y su copiloto. Es un tema, Mk; un tema. No te lo tomes a la ligera. Menos Sudoku y, al decir del poeta contemporáneo Miguel Cantilo, más "atención al camino".

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