miércoles, 31 de diciembre de 2008

Felíz Año Nuevo

Que este 2009 no sea tan impresionante como sereno. Que no tenga tantas novedades como sí sonrisas conocidas. Que no haya tanto viento de cola y más lagunas playas y arroyos espejados. Que cada viaje nos tome una jornada, que cada subida de ascensor integre la lista de cosas que hicimos ese día, que el microondas nos siente a su lado a ver como se cocina la comida, que abrir una ventana nos robe algunos segundos para respirar hondo, que se caigan de la boca las melodías, que nos acostumbremos hasta el tedio de las frases elegantes, que tengamos tiempo para el tiempo, que nunca nos falten las carencias para que vivamos llenos de esperanza, que no nos aburra la subida, que optemos siempre por nuestros sueños. Que no perdamos de vista el descanso.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La pasión de Lidia

Sonó el timbre y, sin mirar quién era, bajé. Ya sabía que era Lidia. Teníamos clase de guitarra a la hora de la muerte del Cristo.

jueves, 27 de noviembre de 2008

El beso de Judas

Muchos lo dicen con tanta facilidad que me disuelven el amor propio. "Yo dejé un día. De golpe. Me levanté a la mañana y dije: no fumo más. Y no fumé más".

sábado, 18 de octubre de 2008

Un mundo en cada baldosa.

El sol empezaba a volcarse groseramente por todos los rincones fríos del invierno, y aunque incomodase un poco, era imposible contenerse a su sensualidad conquistadora. A donde fuera, sus caricias me relajaban y mi mente se dispersaba como un frasco cayendo en silencio y lentamente al piso, desperdigando sus pedazos de forma aleatória hacia cualquier parte.

lunes, 13 de octubre de 2008

Un planeta abajo de casa

Hace unos días cumplió noventa y cinco años. Las arrugas de su cara no están tensas. Lejos de ser surcos, son lianas, ramas perezosas y delgadas de un sauce llorón que en su rostro ríen. Sus manos son cañas dobladas "de tanto ordeñar", dice. Los huesos hoy son los protagonistas donde en otro tiempo lo fue un cuerpo sensible, carne y piel tersa; Fulton la tuvo de pasajera en sus calles, pero hoy estacionó su travesía en casa. En el departamento de abajo de mi casa.

martes, 30 de septiembre de 2008

Había que empezar de nuevo.

Un océano calmo de papeles inundaba su escritorio. La silla barnizada de polvo, las lapiceras secas en el portalápices... Había que empezar de nuevo. Y aunque lo sabía, como el turista frente al paraje pintoresco y sereno, solo miraba. Tal vez... tal vez hasta lo disfrutaba, como se goza de ver el desorden natural de una cordillera impenetrable y ajena, o la flora mural de una selva húmeda y desconocida. Tal vez hasta lo disfrutaba.

domingo, 24 de febrero de 2008

Mientras leía tu carta...

Mientras leía tu carta no pude más que ir hasta allá, hasta el boulevard de eucaliptus. Tantas veces pensé en intentar explicarlo, en tratar de compartirlo... No es lo mismo.

Mientras leía tu carta me vi parado ahí, con la brisa fuerte jugueteando con mi flequillo, la mirada perdida en la simetría impresionista... o imperfecta, de esa hilera de árboles que enmarcan la tranquera. Negra... La tranquera negra. Inexplicable.

sábado, 23 de febrero de 2008

Una visita inesperada

"No hay casualidades, el hecho es que no me disgustó cuando me mandaron el mail pasando la reunión en lo de Repetto en Tandil de las 12.30 hs a las 15.30 hs porque me daba la oportunidad de pasar a visitarte por Las Cruces. Sabía que había pocas posibilidades, pero me sobraban como dos horas como para no probar suerte.


sábado, 9 de febrero de 2008

Sueño 7 de febrero de 2008

Eran como estrellas agrandadas, como enormes luciérnagas que sobrevolaban la negra noche marina a la altura de nuestras cabezas. No había cielo, más bien parecía su impronta, la carencia de un noble firmamento nocturno. Negro absoluto. Cada foco era una antorcha sostenida oblicuamente en una balsa de troncos con una casita encima, una típica casita de Mark Twain, pero robusta y sólida, de troncos también. Las teas no tenían llamas, sino que eran luces incandescentes, potentes, que desparramaban un aurea de luz de un metro de diámetro, más o menos. Estaban tomadas desde el pie de la casita, a cuarenta centímetros al costado de la puerta. El sonido del mar, sus olas, se desenvolvían con la naturalidad del mar adentro. Estaríamos en el medio de un océano inmenso, tranquilo como puede estar tanta cantidad de agua. Las olas eran serenas, majestuosas. Grandes.