martes, 30 de septiembre de 2008

Había que empezar de nuevo.

Un océano calmo de papeles inundaba su escritorio. La silla barnizada de polvo, las lapiceras secas en el portalápices... Había que empezar de nuevo. Y aunque lo sabía, como el turista frente al paraje pintoresco y sereno, solo miraba. Tal vez... tal vez hasta lo disfrutaba, como se goza de ver el desorden natural de una cordillera impenetrable y ajena, o la flora mural de una selva húmeda y desconocida. Tal vez hasta lo disfrutaba.