sábado, 18 de octubre de 2008

Un mundo en cada baldosa.

El sol empezaba a volcarse groseramente por todos los rincones fríos del invierno, y aunque incomodase un poco, era imposible contenerse a su sensualidad conquistadora. A donde fuera, sus caricias me relajaban y mi mente se dispersaba como un frasco cayendo en silencio y lentamente al piso, desperdigando sus pedazos de forma aleatória hacia cualquier parte.

lunes, 13 de octubre de 2008

Un planeta abajo de casa

Hace unos días cumplió noventa y cinco años. Las arrugas de su cara no están tensas. Lejos de ser surcos, son lianas, ramas perezosas y delgadas de un sauce llorón que en su rostro ríen. Sus manos son cañas dobladas "de tanto ordeñar", dice. Los huesos hoy son los protagonistas donde en otro tiempo lo fue un cuerpo sensible, carne y piel tersa; Fulton la tuvo de pasajera en sus calles, pero hoy estacionó su travesía en casa. En el departamento de abajo de mi casa.