lunes, 13 de octubre de 2008

Un planeta abajo de casa

Hace unos días cumplió noventa y cinco años. Las arrugas de su cara no están tensas. Lejos de ser surcos, son lianas, ramas perezosas y delgadas de un sauce llorón que en su rostro ríen. Sus manos son cañas dobladas "de tanto ordeñar", dice. Los huesos hoy son los protagonistas donde en otro tiempo lo fue un cuerpo sensible, carne y piel tersa; Fulton la tuvo de pasajera en sus calles, pero hoy estacionó su travesía en casa. En el departamento de abajo de mi casa.


Victoriana, por su edad, hay cosas que ya no puede hacer. Y yo adivino que una de esas pérdidas fue la de ponerse triste. A veces llego a casa y, como si adivinase, abre la puerta y nos encontramos. "¡Hola, Marquitos!" dice con su voz roída y dulce, y en ese momento el reloj abdica y las agendas salen del escenario. Victoriana tiene todo el tiempo de sus días abocado a ese saludo, y alguno que otro más. Nadie tiene la autoridad para contestarlo y seguir.

"¿Cómo está, Victoriana?", "Bien, pero ¡con frío!" contesta, y sus manos bailarinas se cruzan y se toman de las solapas de su perpetuo sueter gris, y quiebra las cejas, y hunde los labios, con tanta expresión que me llevó mucho tiempo no atinar a abrazarla cuando hace eso. "¿Cómo ves lo del campo, Marcos?" me pregunta con tanta seriedad como si, con mi opinión, fuese a tomar la decisión de su vida. "No sé, Victoriana. No están bien las cosas...". Si en ese momento pasa alguien por la calle, alguno de los que la adora como yo, y la saluda con una sonrisa, Victoriana vuelve cualquier estación a la primavera y deja crecer en su cara una sonrisa contagiosa y plena, levanta su mano torcida y sacude el brazo completo y su muñeca rígida.

Noventa y cinco años cumplió, y jamás la internaron. Hace poco se resfrió y la llevaron a lo de "la hija", como la llama Victoriana, en la casa de enfrente. Pasó el barrio, yo los veía desde la ventana de casa. Cuando pasé a llevarle unos bizcochitos, se paró y volvió a inventar la primavera. "¡Mirá cómo estoy, Marcos!" me dice intentando mostrar una cara dolorida, pero ella se para y Dios vuelve a bendecir su creación. "La veo muy bien, Victoriana". Mientras me escucha se olvida del dolor y sonríe. Y pasa de la sonrisa a la expresión dolorida, y de esta a la sonrisa.

Victoriana guarda un planeta abajo de mi departamento. A las seis de la mañana se despierta y espera a su hija Pocha que, cada mañana, cada día del año, cada vez que el mundo da un giro completo, viene a ayudarla con su desayuno, limpia la casa y la ama de una manera que espero algún día poder aprender. Pocha se queja, pero a la usanza Victoriana: tuerce el entrecejo para quejarse, y lo destraba seguido al punto final de su descargo con una sonrisa. Pocha dice que Victoriana tiene su carácter, y Victoriana dice que a Pocha le cuesta desprenderse de ella, su mamá. Las dos supuran el amor en quejas, reclamos, sonrisas y rutinas.

Mientras Victoriana ceba mate a Pocha, y esta limpia la vereda, a miles de kilómetros un hombre mató a toda su familia y se suicidó por los sacudones de una crisis económica mundial. Sus dos camionetas quedaron estacionadas frente a su caserón millonario en alguna ciudad del mundo. Lejos de acá. Lejos de Tandil, donde cada mañana, a las seis de la mañana, como durante casi todo un siglo, Victoriana se levanta y vuelve a darle sentido a la vida.

3 comentarios:

  1. Te debía el saludo blog por tu cumple, Mk.
    Empezaste de nuevo, y con el mejor de los estilos. Está para enmarcar.
    ¡Gracias!

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  2. Que mujer mas querible!!!
    Muy buen relato Mark, por momentos me recordó las visitas que hice a "El Rodeo" algun sábado a la tarde tomando unos mates con Herminda, la mujer de Lencho, el encargado.
    No tenía tantos años pero si muchos detalles dignos de un buen cuadro.
    Ricky
    Abrazo!

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  3. Querido Mk:
    Como me gustaria conocer a Victoriana...!!y parar un rato a tomar unos mates y mirar la vida desde los ojos de una viejita sabia, sabia del amor que logro entre ella y su hija, y la ternura que despierta en los que la conocen y que vos describis tan bien...aunque haya tenido y tenga un caracter fuerte...ese caracter es parte de sus 95 anos. Abrazo

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