lunes, 1 de diciembre de 2008

La pasión de Lidia

Sonó el timbre y, sin mirar quién era, bajé. Ya sabía que era Lidia. Teníamos clase de guitarra a la hora de la muerte del Cristo.


El azahar del naranjo tiene menos pureza que la mirada de esta mujer, y sabía (sé) que Dios quiso que, por algo tan importante para ella, Él le iba a regalar Su hora. Y no me equivoqué. Cuando bajé la escalera lo supe. Estaba vestida de domingo, con tacos, vestido y una guitarra viejita, baqueteada y sin funda, en la mano.

"¿Y tu hermana?", "No podía venir" se lamentó, y sé que el lamento era verdadero. Lidia siempre comparte con el alma hasta los más pequeños percances de los demás. "Se le complicó..." siguió diciéndome. Yo creo que quería explicarme bien del contratiempo de su hermana, mi otra alumna, para que yo también me derrumbara y me lamentase, como ella, del infortunio cruel que anuló la presencia de su compañera de sangre.

Me sentí inmerecedor de tanta importancia. Mientras la veía trepar por las escaleras con sus tacos iba entendiendo lo que las clases de guitarra significaban para Lidia. Imaginaba las gradas en el cielo expectantes de que esta mujer santa, de espíritu suave, no tropezara en su entrada ritual al mundo dominical.

"Mi hermana me enseñó esto", me decía mientras interpretaba un rasguido complejo, erróneo y con buena mano. "Me decía que así enseña el pastor".

Yo ya sé de ese pastor, y me callo. Lidia es una mujer santa, y Dios la lleva a donde estos pastores, porque la luz de su mirada inofensiva contagia bondad, una bondad endémica. Lidia sueña, a rabiar, a suspiros y cabezas gachas, con tocar la guitarra en la iglesia del pastor. Ni se imagina que, más allá de la voluntad del ministro evangélico, nuestro Dios Todopoderoso se amontona y otea entre una platea inmensa de arcángeles y potestades para ver a Su creatura elegida, que se vistió de domingo para estudiar el instrumento, que pago con canje de su trabajo cada hora musical, solo para llegar el domingo al encuentro con el Padre y cantarle las canciones que el Pastor Ortiz grabó en un TDK a su paso por Tandil.

Su mano no ofrece resistencias a la buena práctica de la guitarra. Los sonidos salen puros desde sus primeros intentos. Sus genes parecen quereme decir algo. "Habré salido a mi papá. Él hacía cantar a la guitarra", me dice, y yo recuerdo que cada vez que habló de su papá y la guitarra hizo literalmente el mismo comentario. Empiezo a creermelo. Lidia nunca se muestra como una experta guitarrista, una experta madre, una experta nada. Todo lo hace con el amor que le sobra y se derrama de sus ojos. Y Dios la ama.

Pero no digo eso porque Dios nos ama a todos, sino porque cuando ella está tengo la sensación de que algún espíritu justiciero me susurra al oído "Relajate. Aprovechá que está Lidia y Dios se olvida hasta de Adán y Eva". La Reina Valera se pasea por su mente, corporizada en citas y versículos, hasta que engendra y pare, tose la palabra buena, el nombre de Dios, con algún pretexto de comentar algo, "Dios nos ama", o "La Biblia es la verdad de las cosas".

Lidia se sonríe y se divierte de pensar en cuando empiece a practicar la guitarra en su casa con sus hijos. La guitarra que le prestó el hermano y que fuera del padre suena muy bien. Una marca "García" que no conocía, de muchos años y linda madera.

Le dibujé las notas en un papel, le escribí los acordes para sus prácticas, y se fue. Sinceramente entendí que más que genes, la destreza de la primeriza y su guitarra fue un regalo de aquella hora de tanta Pasión. La Pasión del Mesías, la de María y la nueva pasión de Lidia. Todo para alabar a Dios. Todo para embriagar de incienso y eucaliptus el Cielo.

Todo a las tres de la tarde.

1 comentario:

  1. Markitos: agradézco a Dios y a Nico -su intermediario- por haberte reencontrado. ¡¡Y de qué modo!! Leerte es tenerte a mi lado (suena medio trolo ¿no?; bueno ya lo escribí y no lo pienso borrar, porque la amistad y la admiración buscan la cercanía).

    Genial el relato (¿podría haberlo no sido?)

    Leeré más en otro momento, no porque no tenga tiempo o ganas ahora. Si no porque no quiero que se me terminen rápido. Cómo el helado de chocolote que a veces te compraban de chico...

    Un fuerte abrazo
    HORI

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