sábado, 19 de septiembre de 2009

Un momento de Gloria

¡Tantas veces la vi oculta bajo las frazadas…! La miraba quieta, inmóvil, dormida. Su cabeza hundida en la almohada, las frazadas tapándole su cara enterrada en el sueño. Hasta parecía que descansaba. Ni el encender de la luz inmutaba su cuerpo reposando. ¡Tantas veces la vi así…!
Bajé del ascensor y, por primera vez, la vi despierta, sentada en el escalón de la puerta, preparando su dormitorio. Con un carrito con cartones, botellitas de plástico, cajitas y frazadas construía su nueva casa. Su pelo lacio ondulaba pegado en negras lianas y cubrían parte de su rostro. El ruido de la puerta no la distrajo, sino la luz que se prende automáticamente cuando alguien entra o sale del edificio. Dos ojos celestes me miraron de golpe, como el alerta de un zorro que escucha lejano un ruido. La saludé, pero su cara titubeó y sus palabras nunca salieron.