viernes, 11 de diciembre de 2009

El escenario menos pensado

Lo más raro para aquella primera mitad del siglo XX no era que Mercedes usara el pelo suelto, ni que tuviese dos motos, una colorada y una negra, ni tampoco que fuese al pueblo vestida de cuero del color de la moto que usaba para cada ocasión. Lo raro es que, siendo así, no vivía en una gran capital, sino en las afueras de un pueblo, en una casa sencilla. Bah, para mí eso es lo más raro de todo. Lo más destacable de su personalidad.

Sixto la conoció de curioso, mirando las caras de una multitud. Pienso que le habrá llamado la atención aquella melena suelta y rebelde. Él habría llegado hasta ahí como a un pueblo más, pero su vida cambiaría para siempre, y dejaría, tanto en en ella como en todos los argentinos, y como en el mundo, una marca imborrable. Tan imborrable, que antes hasta se borraría el apellido de Mercedes Strickler Kahlow.

No lo sé, pero imagino a la rebelde Mercedes en los brazos de Sixto aquella tarde, aquella noche. Aquellos días, breves, pero intensos. Seguro. No puedo imaginar que fue solo esa mirada la que haría que Sixto la buscara luego, meses, años después, hasta que Mercedes le diga que no quería casarse con él.

Él supo de ella varios años después de aquella negativa y empezó a escribirle. Ya eran personas grandes, y reanudaron un contacto esta vez epistolar, seguramente por el hecho de que Mercedes ya había escuchado la canción que él le había compuesto después de aquella última conversación.

Pienso en las tardes que él se había pasado sentado en un bar pensando en ella. Me lo imagino tan fascinado como Agustín Lara cuando le compuso a María Félix "María bonita". Otra marca universal. Sixto estaba en esa sintonía del amor, en esa estepa donde la composición supera a sus propios acordes, donde la combinación de notas, letra, música y tiempo se combinan en una sola escultura sonora.

Mercedes contó una vez, ya anciana, que cuando escuchó por la radio la canción que Sixto le había compuesto se emocionó. Y lloró. Habrá llorado de rabia por lo que su propia rebeldía le hacía pagar de grande, sin poder comprender del todo por qué aún, en su ancianidad, seguía rechazando al hombre más importante que hubo en su vida. O tal vez no fue el más importante, sino el más adecuado, y una lucha de pasiones se debatía dentro de ella.

Viejita, en los primeros años del tercer milenio, internada en el hospital, Mercedes le escribe la última carta a Sixto que comienza llamándolo "Amor" al poeta. Y murió. Mercedes murió a los pocos días de haberla escrito. No llegó a saber que la carta volvió rechazada al tiempo con el remitente de "Persona fallecida", sin que Sixto Ríos llegara a leerla jamás.

Habían pasado muchas décadas de cuando él compuso la canción donde confesaba que a Mercedes la conoció en el campo, allá muy lejos, una tarde, donde crecen los trigales, provincia de Santa Fe.

4 comentarios:

  1. Emocionante...
    Eso.

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  2. "Merceditas" (Sixto Rios)

    Que DULCE ENCANTO TIENE TU RECUERDO, MERCEDITAS, AROMADA FLORECITA"...de donde vino la inspiración de una posible "rebelde" Mercedes Srickler Kahlow?!!!
    Motos y camperas de cuero!!? jajajjaaa

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  3. Muy bueno Marcos! No sabía esta historia de Merceditas...

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