martes, 5 de enero de 2010

¿Qué soy yo si no soy lo que quiero ser?

¿Cuánto vale el paraíso?, se preguntó Luis. ¿Por qué tardé tanto en mesurar la importancia de mis deseos? ¿Qué soy yo si no soy lo que quiero ser?.

Los oficiales sentados en el sublime escritorio se miraban desconcertados. Lo miraban a Luis que en cada silencio se perdía con su vista por la altísima ventana de vidrio partido hacia los jardines verdes y prolijos del interior del predio.


--Bueno, dejemos las formalidades... Luis, te lo pido por favor. Pensalo. ¡Sos la figura que todos tus superiores miramos de cerca! Nadie, por lo menos acá, en Francia, tiene el futuro tan asegurado como el tuyo. Las mejores notas, los éxitos más reconocidos... ¿Necesitás un descanso? ¿Querés ir a descansar al sur?
--No, Almirante, no necesito un descanso, al contrario, necesito volver a empezar.
--Pero... es que no lo puedo entender... --el Almirante se puso de pie y caminó a lo largo de la alta ventana de vidrio partido que tenía absorto a Luis--. Egresaste con las mejores notas, destacándote en matemáticas, hablás inglés y español a la perfección, ¡y el francés también perfecto! recorriste todos los mares... --el Almirante tomó unas hojas sueltas de una carpeta de cuero y después de leer en silencio por un breve instante, lo miró--, estuviste en la toma de Sfax... ¡Estuviste en la toma de Sfax, Luis!
--Almirante...
--No, Luis, dejame seguir. ¡Estuviste en la toma de Sfax que es un clásico de nuestros institutos! ¡Enseñamos esa acción de guerra en la escuela, Luis, y vos fuiste creador de esas maniobras también! Siendo apenas Alférez de Navío improvisaste maniobras a tu propio criterio, levantaste la bandera del abanderado muerto en el campo de batalla y resististe la última carga de la caballería árabe... y ganamos. Ganaste, Luis... ¡Y el Comandante te ascendió en pleno campo de batalla a Capitán de Navío! ¡Te ordenó ponerte los galones!

El Almirante volvió al silencio de su lectura sin dejar nunca su entrecejo fruncido y su cabeza encorvada sumergida en los papeles.
--Y ahí te dieron la condecoración. La gran condecoración de la Legión de Honor... por tu valor...
--Almirante, no reniego del amor y la lealtad que le tuve a la marina francesa. Solo que...
--¡Por favor, Luis...! Por favor...

Y se hizo un silencio. El Almirante leía mientras el otro oficial sentado a un costado continuaba mudo, ausente. Luis volvió a levantar la mirada y su cuerpo se irguió como una tabla. Formado sin estar en formación disparó su mirada a la ventana que se repartió por el parque en mil perdigones de sueños, de ideas.

--Empezaste en el navío Borda, navegaste el Jean Bart, en La Cornelie, en el crucero L'Alma, La Revanche, L'Isis, Le Colbert, en el transporte Le Calvados, La Seudre, L'Ariege, en el crucero L'Arethuse, estuviste en la División de Brest, en la Escuela Regional de Tir de Chalons, en el Estado Mayor General de Rochefort... Decime, Luis... ¿Te pasó algo?
--No, Almirante...
--¿Te hicieron algo? ¿Estás descontento con algo? Decínoslo porque...
--No, Almirante. Bueno... en realidad sí. Sí me pasó algo.

El Almirante lo miró aún torcido con las hojas en la mano, las dejó sobre la carpeta y se sentó lentamente sobre su sillón. El otro oficial pareció resucitar y acercó y acomodó su silla. "Cuenteme", ordenó otra vez formal el Almirante.

--Después de Sfax continué navegando y recorriendo uno por uno los puertos del Mediterráneo, sus países, sus ciudades, la Polinesia, las Antillas, Haití... hasta que navegué a América del Sud, a Brasil y a Montevideo. En esta ciudad me permitieron hacer un breve viaje a la ciudad de Buenos Aires...
--Su tierra natal.
--Así es, Almirante.
--Pero si usted se vino a Francia siendo un niño... ¿qué le puede interesar de un país tan lejano e inhóspito? ¡Usted acá, en Francia, es el primero en su promoción, es el jefe más joven, con apenas treinta y tres años! ¡Piense lo que está dejando! La fábrica de su familia acá en Francia está fundida, se va a un lugar de peleas con indios! ¿Acaso quiere hacer como Garibaldi en Brasil y formar un grupo separatista en Argentina?
--No, Almirante. Cuando llegué a Buenos Aires la reconocí. La reconocí como mi casa. Volví a ver en mis recuerdos al señor Lahore enseñándome a dibujar, a usar los pinceles en mi querido San Telmo...
--¡Pero si acá usted es el pintor oficial de la fuerza! ¡Hasta eso! Si quiere más tiempo para pintar...
--Almirante --lo interrumpió Luis--, vi lo que quedaba de la tintorería de mi padre, de la cervecería que puso al lado... Mi padre la hizo con mucho esfuerzo, era la primera de Sud América, estaba entusiasmadísimo, y de pronto llegó como una tormenta la imagen de mi padre de pie, pero abatido, con la carta de mi abuelo en sus manos, que le pedía de volver a Francia para ocuparse de la fábrica porque le estaba yendo mal... Y mi padre levantó la casa, nos tomó de las manos, y fue a donde su padre. Vino a Francia. Y yo me quise convencer de que esta era mi casa, y me formé marino para defenderla, pero resulta que no es mi casa. Me bastó una sola visita a mi país, a la Argentina. Apenas unos días necesité para saber en dónde tenía que estar.

El Almirante tenía en su cara un enojo que no podía exteriorizar. La impotencia de no poder hacer razonar a uno de sus hombres más brillantes de que estaba por tirar por la borda una carrera militar envidiable. Levantó la mirada y lo vio a Luis plantado, firme, seguro. Como un hombre. Como un auténtico marino francés. Su estampa fue más fuerte que su anhelo y se incorporó sobre el escritorio.
--Muy bien. Si ya lo tiene decidido, haré lo que me pide. Con el mayor de mis desganos, con la peor de mis voluntades, pero haré lo que me pide... --y mirando al oficial que todavía observaba la situación con cara de asombro dijo-- Haga constar que el Teniente de Navío Luis Maurette es dado de baja de la Marina Francesa.

Y mirando nuevamente a Luis le dijo: "Si usted quiere trabajar para la Marina Argentina, yo mismo lo voy a presentar, Teniente de Navío Maurette".
--Gracias Almirante Ribell.

Y se miraron. Luis se puso firme, hizo media vuelta y salió caminando, como el desfile de un hombre que vive lo que hace. Que hace lo que le da vida, más allá de cualquier moda, orgullo o ambición.

Caminó un poco mareado por las calles empedradas de una Francia que ya no era suya, que había desgarrado en apenas una reunión de unas horas. Recordó sus batallas, las bajas de sus amigos, el día que levantó el estandarte contra los árabes. Recordó la fragata La Revanche, el crucero Le Colbert... Recordó sus días en la Escuela Militar. Ya no era francés. Ahora llevaría sus títulos y batallas a la Argentina para ponerlas al servicio de su patria. La verdadera. La que ni el tiempo, ni la sangre pudieron contra el aire del río, las casas bajas, el campo... y la mirada triste y ausente de su padre cuando, leyendo esa carta, abandonó lo que más quería. Abandonó lo que era. Y volvió a Francia.

(a mi bisabuelo Luis Teófilo Francisco Maurette, Capitán de Navío franco-argentino 1853-1936)

7 comentarios:

  1. es real? los dialogos decime q son inventados...? me gusto, me encanto!

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  2. Y es verdad que le insistieron para que se quede, y que el Almirante Ribell lo presentó acá.

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  3. Gracias, María!! Los diálogos son novelados, pero la historia es real, los cargos, los navíos, la toma de Sfax, todo es real. Y la historia es mucho más densa, porque en Europa hizo mucho más pero después vino a Argentina e hizo otro tanto. No me digas que no fue un genio???

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  4. Marcelo Revilla Cornejo5 de enero de 2010, 22:46

    Qué lindo homenaje! Gracias por compartirlo. Recién se lo reenvié a mi viejo que es marino también. Abrazo

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  5. INCREIBLE TODO LO QUE HIZOOO!! Y ADEMAS TRAJO UN FARO!!!??? a la flauta!!!!

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  6. Luis, si no eres quien quires ser, pues... serás un mocasín agropecuario.

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  7. Hola MK:

    Soy Gustavo, trabajo en el Archivo Histórico Municipal de Punta Alta y nos intersaría poseer datos y fotografías del capitán Maurette, ya que fue muy importante en los incios de la Base Naval de P. Belgrano.
    Cualquier cosa que poseas sobre tu bisabuelo, por favor, envialos a:

    archivohm@yahoo.com.ar

    www.archivodepunta.com.ar

    Muchas gracias desde ya.

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