domingo, 18 de abril de 2010

En apenas dos años

--Ya sabe, Marcos.
--¿Ya le dijeron?
--Sí --contestó Roberto.
--¿Y? --pregunté intrigado, pero él ya no me oía y cruzó la calle. Yo di la vuelta al auto y, cuando estaba por subir, la vi mirándome por la ventana. La saludé con la mano en alto, le sonreí, pero ella estaba seria, paradita en la ventana, con la cortina corrida y su suéter colorado.