lunes, 30 de agosto de 2010

Bajo la glorieta

La galería de la casa donde bailábamos tenía una especie de glorieta incorporada en la mitad. Ahora nadie bailaba y estabas vos, haciendo algo que, a la distancia, no entendía. Ibas y venías, no sé. Me hiciste un gesto con la mano para que me acerque. Todos estaban en sus mesas, o agrupados de pie por el jardín, y yo, solo en una de las mesas más alejadas, me paré y fui a donde vos.


Una música muy linda, pero que ya no recuerdo, empezó a sonar. Vos me esperabas en la pseudo-glorieta con el ademán de que me acercara. Ya llegando empezaste a decirme que esa canción te encantaba, que le habías pedido al disc-jockey que la pusiera, yo ya estaba a pocos metros de la terraza techada, y que querías bailarla conmigo.

Subí los dos escalones, entré a esa pista abierta, hexagonal, y te vi tan elegante... ¿Hace cuánto tiempo que somos amigos? ¿Veinte, veinticinco..., diez mil años? Sonreías como sonreíste siempre, como en las carcajadas de una reunión, como en las tragedias de los momentos más duros. Tus manos estiradas buscaban el abrazo del baile, como una mujer amiga, una inmensa mujer a su género, y yo caminé pausado y firme a esos brazos y te tomé de la cintura y de tu mano elevada, aérea, como un hombre amigo, un hombre plantado a su género.

No era un tango, no era un vals, ni nada, era una música muy linda, y un baile de dos personas que se quieren mucho y que disfrutan de esa tarde, de ese sol, de esa alegría, hablando, compartiendo, bailando... Mientras bailábamos hablábamos de todo, como siempre, pero en lugar del café de San Telmo, estábamos en una glorieta en un parque. En vez de ser un día en que lográbamos combinar encontrarnos, estábamos en tu casamiento.

Mi ahijada, tu hija, corría entrando y saliendo de la espesura de un árbol, al costado del lago. Agustín, ahora tu marido, hablaba con sus amigos a metros de nosotros. ¡Qué alegría verte con tu familia armada, tan feliz, tan contenta! Bailando hablábamos como siempre. Podríamos haber sido rico y pobre, de River y de Boca, escultor y contador..., pero fuimos hombre y mujer, amigos de una vida larga, vecinos de parroquia, y protagonistas exclusivos de ese baile bajo la glorieta. No me digas que esta vida no es increíble...

No puedo acordarme cuál era la canción que le pediste al disc-jockey, pero recién escuchaba a Marco Antonio Solís y volví a ese día. Me acordé también de cuando me diste trabajo en tu equipo de diseño, a pesar de advertirte que tenía la cabeza reventada por una depresión aplastante, y en esa oscura oficina, en el viejo Museo del Cine, hablábamos de Rally Barrionuevo y de nuestro ídolo en común, Marco Antonio Solís.

Me acordé de todas las veces que me ayudaste, que me diste una mano, pero no recordé ninguna en la que yo te ayudase a vos. Estoy seguro de que la habrá, una amistad no se rema de un solo costado, pero también creo que vos tampoco te acordarás de las ayudas que me diste. Y así, desnudos de facturas, vacíos de insatisfacciones, sin escudos, sin reparos fue que nos encontramos cada vez en cada café, en cada esquina, en esa glorieta, bailando esa canción que no era un tango, no era un vals, coronando con la alegría de la música que al fin Agustín y vos compartirían un proyecto juntos. El proyecto de vivir.

No hubo video, ni creo que hubiera habido alguna foto, pero de a ratos puedo vernos bailando desde lejos, desde mi mesa alejada. No es una imagen que hubiera visto antes, sino que así fue siempre nuestra amistad, un baile lindísimo aunque no nos veamos, aunque nos perdamos entre los pasillos de la vida. Aunque hace tiempo que no nos encontremos, en este mismo instante puedo vernos bailando, sonrientes y tranquilos, bajo la glorieta.

9 comentarios:

  1. Que liiindo! Me emocionó!
    Ayer pensaba que hacia rato que extrañaba leerte...

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  2. Es bueno que vuelvas. A todos lados.

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  3. Escribis de la pu...madre, felicitaciones Marcos!!!!

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  4. Que relato tan emotivo Marcos!! Te felicito! Me transportaste a ese casamiento, como si los estuviera viendo. Lindísimo. Beso grande

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  5. Sandy(HY) Traduccciòn y envio para los premios Pulitzer me hizo recordar este relato a 4 bodas un funeral Muy bueno!!!

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  6. María Alejandra Fuertes Vega1 de septiembre de 2010, 9:19

    Genio!!!!me encantó!!!

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  7. A mi me encantan las glorietas.
    Y las glorias.
    Me traen lindos recuerdos de lindos comienzos, que se yó.

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  8. Felicitaciones a Flor!

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