domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre un cajón de verdura

!Tocaba tan bien! Lo venía escuchando desde hacía un rato. En la peatonal Florida de Buenos Aires es muy difícil ver nada más que unas cabezas a lo lejos, y ese acordeón se escuchaba tan alegre... La música me hacía mirar para arriba, como si fuese a encontrar al artista flotando en el aire, y ya llevaba tres pechazos y una patada a un bolso pesado. Pasé un quiosco de revistas, crucé una calle, caminé, caminé, pero la música empezaba a alejarse.

jueves, 10 de noviembre de 2011

"Todo listo"


"...otra vez en la monotonía, en la llanura. Cuando podré estar mejor? Si, ya lo sé, cuando enfrente a los fantasmas que me ciegan, podré ver lo que quiero para mi vida. Sé que saldré adelante, de eso no tengo dudas..."

lunes, 5 de septiembre de 2011

Días sin gusto a nada

Elidióstenes disfrutaba de su mate en la galería de su casita en Bernal. Era otro día raro, uno de esos días sin gusto a nada que sobrellevaba de buena manera con un libro de Juan Forn, cuando notó el comienzo del silencio.

martes, 16 de agosto de 2011

A veces...

A veces empujo una ventana, dos hojas de vidrio partido que se alejan ligeras de mis manos y dos cortinas de liencillo crudo parecen aprovechar el descuido a las apuradas y tratan de escapar volando, como el pelo de una mujer en la playa, y una ola de aire tibio rompe contra mi en un abrazo de mucho tiempo sin vernos. Los aromas se descontrolan como si Dios volviese en un rato, y vienen de cualquier lugar gatillando mis recuerdos como fuegos artificiales. La luz está contenta y sonríe, quema, blanquea cualquier cosa humillando a verdes y azules que no pueden a tanta fuerza. Sonrío.

jueves, 21 de julio de 2011

Quinta historia: El pelirrojo

--Che, vi las historias que pusiste en el blog.
--Sí, son como son, pero son verídicas.
--Sí, las conozco, sé de quién son. ¿Vas a poner la mía...?
--¿La tuya?
--La que me pasó a mí...

***

sábado, 16 de julio de 2011

Cuarta historia: Tarde para volver a casa...

"Esta historia no me pasó a mí --me dijo--, pero le pasó a una persona a la que le conté estos cuentos, y aún sabiendo que no soy de inventar historias, no me creía. Un tipo que no cree en aparecidos ni almas en pena. Bueno..., no creía..."

***

A pedido, cambio los nombres. Preferiría omitirlos al no poder colocar los reales, pero este cuento lo amerita. Esto sucede en cualquier lugar del Norte argentino, que es, en definitiva, donde ocurrió esta historia. El protagonista, Santiago, no se llama Santiago.

jueves, 7 de julio de 2011

Tercera historia: La casa de Chasquivil

Se hablaba por los pasillos del colegio, era un secreto a voces que fue tomando cuerpo, sumando detalles, hasta que, como la morena en el lago, el oleaje de rumores trajo nombres a la capellanía. El padre, ante tanto revuelo, y siendo "el cura", tuvo que echar luz sobre el tema del que tanto hablaban en el patio todos los alumnos del colegio, y decidió hablar con los nombres que deambulaban por ahí. No llamó a todos, sino a uno solo, al hijo del dueño de la casa, que lo sabía poco fantasioso y que le iba a decir la verdad.
--¿Pero entonces es cierto? --preguntó el padre asombrado.
--Sí, padre. Los otros cuatro pueden venir a contarle la historia también... ¿Puede ser que existan estas cosas de verdad, padre?

jueves, 30 de junio de 2011

Segunda historia: El campamento de Anfama

¡Qué mejor lugar para hacer un campamento que en Los Campitos, en la vasta región montañosa de Anfama, en los Valles Calchaquíes, que estos chicos tienen casi en las puertas de sus casas! Adolescentes briosos y ligeros, imparables, incansables, trepando, subiendo, explorando, bajando por cada roca, por cada lomada, por cada barranco... hasta conseguir que descarguen toda la fuerza de su crecimiento y su rebeldía..., y por eso, y porque es muy lindo, y muy cerca, el cura había organizado el campamento en Los Campitos, donde ya empezaba a atardecer, y con el atardecer empezaba a llegar la bruma de la tarde, y con la bruma...

jueves, 23 de junio de 2011

Primera historia: El Camionerito

--Podés contar las cuatro historias siempre y cuando no me menciones.
--Obviamente. Si digo que justamente a vos te pasaron estas historias... sería muy fuerte...

*** 

Hacía... no sé cuánto tiempo que no lo veía. Lo encontré hablando con mis padres. Nos saludamos, terminó de hablar lo que hablaban y aproveché para preguntarle, "che, ¿son ciertas esas historias que dicen que te pasaron a vos?". Me miró con sus cejas pobladas, con su cara llena de sierra, de pampa, de norte... me miró sin tanto entusiasmo. "Sí", contestó.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un cigarrillo...

Tito Rodriguez se aclaró la voz, dio un paso y se puso al lado del micrófono. El Caribe mimaba la piel de todos los que, con ropa liviana, pero elegante, esperaban escucharlo cantar. Ya no le impresionaban las salas llenas, las miradas desorbitadas de las mujeres... Se concentró, lo justo, lo necesario, y empezó.

"Un cigarrillo, la lluvia y tú, me trastornan. Dejo mis labios sobre tu piel, me vuelvo loco..."

domingo, 13 de marzo de 2011

Como en Tandil

Hoy la mañana me despertó igual a como lo hacía en mis mañanas de Tandil. Con un fresco sin sweater, con el mimo de un sol tibio e incandescente que me roza los brazos, la cara, y me endereza la espalda. Con los poros abiertos, el cuerpo vivo, el pelo atravesado por la brisa, esa brisa fresca que dice que es fría, pero que absorbo por cada célula sin abrigo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Yo la amé

De pronto la pantalla se puso oscura y enseguida empezaron a ascender los nombres de los actores. Con mis doce años no me podía mover de la butaca. Papá me habrá agarrado la mano, habré bajado las escaleras, no sé. Yo solo tenía en mi mente la carita de ella, su sonrisa apretada, sus pómulos redondos y sus rulos naranjas por toda la cabeza.

jueves, 17 de febrero de 2011

El negocio del corazón

Entró erguida, con paso elegante, pausado pero no lento, marcando con el compás de sus tacos el leve oleaje de su cadera. Hombres y mujeres ya sentados en las mesas la miraron y la conversación estridente amainó en un murmullo regular. Su pelo rubio y suelto resaltaba sobre los hombros de su saco azúl oscuro, y una falda elegante prohibía mirar por sobre sus rodillas. Se sentó al lado de un conocido empresario de bienes raíces, conocido en todo Long Island, pero también conocido por ella, amigo personal que frecuentaba su local buscando, alguna vez, conquistarla.