domingo, 13 de marzo de 2011

Como en Tandil

Hoy la mañana me despertó igual a como lo hacía en mis mañanas de Tandil. Con un fresco sin sweater, con el mimo de un sol tibio e incandescente que me roza los brazos, la cara, y me endereza la espalda. Con los poros abiertos, el cuerpo vivo, el pelo atravesado por la brisa, esa brisa fresca que dice que es fría, pero que absorbo por cada célula sin abrigo.


El domingo recrea de manera impresionista, con trazos difusos, el mismo ritmo de cualquier martes en Tandil a las diez de la mañana. Las mismas voces, los mismos sonidos, la misma música lejana de alguien que pone fuerte la radio mientras trabaja. Y la luz..., tanta luz...

Busqué las sierras por arriba de lo de Cagnoli, pero no están. Tampoco está lo de Cagnoli. No encuentro las antenas lejanas, ni las copas de los árboles de Belgrano. Ni mi calle Belgrano... Ahora me doy cuenta de que no escucho las voces en el quisco de Mauri, ni las camionetas vendiendo verdura, ni las voces de los amigos saliendo del gimnasio vecino. No, no estoy en Tandil, pero se parece tanto... Parado en el balcón, como en Tandil, sintiendo la brisa pegarme en un costado, oliendo la vida, palpando el tiempo...

Bajo la cabeza y me tiento. Y me río, solo... Como en Tandil.

3 comentarios:

  1. El recuerdo de una época imborrable...me puse nostalgico leyendo tus palabras...cuantas mañanas en el campo, un martes cualquiera, con la musica del viento en los eucaliptus al ritmo de algun perro ladrandole a las vacas q se arriman a las casas y el inconfundible (realmente inconfundible) aroma de ESE LUGAR.
    q lindo Mark, gracias por este momento.
    RICKY

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  2. De qué te habrás tentado....?? Qué intriga! Muy lindo Mk como siempre!!
    Esa calle Belgrano ya no es la misma!
    Besos! Yo.

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  3. Si te reiste, ¿importa que no estés en Tandil?!

    Un beso,
    Cris M

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