viernes, 18 de marzo de 2011

Un cigarrillo...

Tito Rodriguez se aclaró la voz, dio un paso y se puso al lado del micrófono. El Caribe mimaba la piel de todos los que, con ropa liviana, pero elegante, esperaban escucharlo cantar. Ya no le impresionaban las salas llenas, las miradas desorbitadas de las mujeres... Se concentró, lo justo, lo necesario, y empezó.

"Un cigarrillo, la lluvia y tú, me trastornan. Dejo mis labios sobre tu piel, me vuelvo loco..."


Al final, cuando terminaron de sonar las trompetas nostálgicas, los violines, la gente reventó en un aplauso fenomenal. Tito sonrío. Sabía que esa canción no fallaba. Era un caballito de batalla, un lugar seguro para seguir cantando otras canciones. Era por los años sesenta; un bolero muy romántico. Hasta Sandro de América cantaría esa canción que dejaba a las mujeres somnolientas y con los ojos entrecerrados. Tito no sabía que esa canción nació una tarde en Rancul, un pueblo muy chiquito de La Pampa, Argentina.

José García, ya hacía seis años que estudiaba piano. Y tenía trece años. Caminaba por la calle, de vuelta de lo de Elena, su profesora de piano, cuando pensó que ya podía componer una canción. Tenía buen vocabulario, tocaba el piano con soltura... Llegó a su casa, se sentó frente a las teclas y soñó. Soñó con lo que sueña un chico de esa edad: con ser grande.

No amaba a ninguna mujer, pero le quería cantar a una. Recordó sus revistas de "Rico Tipo", que comprara a escondidas de sus padres, y con todas sus hormonas ardiendo, arrimó sus dedos al piano, y empezó:


"Un cigarrillo, la lluvia y tú, me trastornan. Dejo mis labios sobre tu piel, me vuelvo loco..."


Esa fue la primera vez que se aventuró a crear una canción. Después, lo repitió, lo repitió tantas veces... A los veinte se fue de su pueblito y cuando muchos años después decidió volver, volvió, pero de Bélgica, y con la mujer que, con el tiempo había descubierto, amaba.

Fue el primero que hizo canciones con poemas famosos, sus canciones fueron cantadas en aquel disco legendario de Serrat, y hasta Nat King Cole cantó una canción suya. Fue un cantante que le cantó a los hombres, sobre los hombres, y sobre las mujeres.

Se fue llamándose José Alberto García Gallo, y volvió con el nombre que lo conoce el mundo entero: Alberto Cortez.

"Qué suerte he tenido de nacer,
para tener aceso a la fortuna
de ser río en lugar de ser laguna,
de ser lluvia en lugar de ver llover."


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