jueves, 10 de noviembre de 2011

"Todo listo"


"...otra vez en la monotonía, en la llanura. Cuando podré estar mejor? Si, ya lo sé, cuando enfrente a los fantasmas que me ciegan, podré ver lo que quiero para mi vida. Sé que saldré adelante, de eso no tengo dudas..."

"Suena el timbre. No espero a nadie, ni quiero ver a nadie. Ojalá María pueda deshacerse del intruso. Aparto mis pensamientos para agudizar el oído. Escucho una débil voz, pero no puedo descifrar a quien pertenece. Estoy tirada en el sillón enfrente a la chimenea, tapada con una manta. La única luz que hay, es la que brinda el fuego. Cerré los postigos. Hace un tiempo tendría que haber puesto otra leña, pero no tengo ganas de levantarme, veo como se va consumiendo poco a poco. La taza de té humeante que me trajo María, ya se me enfrió en las manos. Sólo le robé un trago. El cigarrillo se me consumió en los dedos, sin darme cuenta. Es increíble como vuela el tiempo cuando uno se deja transportar por sus pensamientos."

"No escucho ningún ruido que venga del hall. Se habrá ido? Espero que sí. Me intriga saber quién era, pero no tanto como para levantarme y averiguarlo. Me prendo un cigarrillo. Largo lentamente el humo de la primera pitada. Vuelvo a mis pensamientos... en que estaba? Ah.... en que voy a salir adelante. Tengo que juntar un poco de fuerza para ponerme en marcha. Siempre cuesta empezar a levantarse después de una caída. No sé si seré masoquista, pero me gusta estar triste cada tanto, y encerrarme en la biblioteca, acompañada de mis libros. Esos compañeros silenciosos tan llenos de palabras.

Se acercan unos pasos por el pasillo, deseo que no se detengan en la puerta. Por más que lo intento, no logro identificarlos, son pesados y lentos. Sin siquiera tocar la puerta, entran. Es Felipe. Va directamente a las ventanas y las abre de par en par. El ambiente es invadido por un sol impresionante. Afuera no hay ni una nube, es un día increíble. Se queda mirando el jardín. No sé de donde viene, es muy raro verlo a esta hora en casa. O ya son las 8? No tengo reloj, me habré pasado todo el día acá, sin darme cuenta?"

"Lentamente se da vuelta y camina hacia mí. Esta llorando. Sin mirarme, tira más leña al fuego, se sienta en su sillón y prende un cigarrillo. Siempre me gustó su forma de fumar. Eso fue lo primero que me encantó el día que lo conocí. Espero tranquila la noticia, que por su expresión me imagino que no será de las buenas. Respeto su silencio, me adapto a su tiempo. No tengo apuro para escuchar malas buenas hoy. El silencio se prolonga un poco más de lo esperado. Empiezo a ponerme nerviosa. Trato de hablarle, pero no me salen las palabras, tengo la garganta seca."

"Sigue llorando, cada vez más desconsoladamente. Me levanto, me siento en sus rodillas, y lo abrazo. Se abandona en mis abrazos como un chico. Le seco las lagrimas con mis manos y le beso la frente. Se va tranquilizando de a poco. Ya no me molesta el silencio que hay entre los dos, es más lo disfruto. Soy una convencida que le silencio transmite mucho más que las palabras. Con este abrazo, nos estamos diciendo todo lo que nos amamos, lo que nos acompañamos y lo que nos seguimos necesitando, por mas que ya llevamos un tiempo largo juntos. Se me caen unas lagrimas, pero no quiero que él se da cuenta. Me las seco disimuladamente. Empieza a decirme cuánto me ama; y sin saber cómo empezamos a recordar cómo nos conocimos, los viajes que hicimos juntos, los nacimientos de los chicos, las metidas de pata, las peleas, las reconciliaciones. No nos dan las palabras para comentar entre sonrisas, los momentos vividos. Nos quedamos en silencio nuevamente. Espero que ahora se anime a darme la noticia que tanto lo afligía."

"En eso nos interrumpe Sofía. Que hace en Buenos Aires? No sabía que venía. Se acerca, le dice a Felipe que lo esperan en el living, “Ya está todo listo”. Me levanto. Sofía le tiende la mano, y él la acepta. Se levanta y se abrazan. Caminan hacia la puerta. Los sigo. Llegando al living, escucho voces. Antes de entrar, decido subir al cuarto a arreglarme un poco. No sé quienes son, y prefiero estar presentable por las dudas. Me pinto un poco, y me pongo perfume.

En las escaleras, se me acerca Capitán, nuestro viejo ovejero alemán. Me mira con sus típicos ojos tristes, y me empieza a dar besos. Lo acaricio atrás de las orejas como le gusta  a él. Me acompaña hasta el living."

"Cuando entro, no puedo creer lo que veo. Están nuestros amigos de toda la vida, mis padres, nuestros hijos y amigos. A pesar de que están abiertas las ventanas, el aire es denso, me cuesta respirar. Todos lloran y se abrazan en silencio, alrededor de algo que no distingo bien. Trato de acercarme y cuando lo hago... lo entendí. Terminó mi paso por este mundo, y no pude afrontar los fantasmas que me asustaron toda mi vida."

MC - sept. 2003

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