miércoles, 25 de julio de 2012

Sobre la muerte, o nada

No sabría explicar por qué, ni me desvela saberlo, pero lo cierto es que algo me pasa con la muerte. No le temo, al menos en esta situación pasiva en donde no siento el riesgo a morir en ningún momento, no sé qué pasaría bajo el riesgo real de morir, pero en esta situación tranquila la muerte no me preocupa. Una vuelta estuve atrapado en un balcón pequeño de un décimo piso, y acusaron su presencia el vértigo y la claustrofobia, pero la muerte no. No tuve miedo a morir. Uno podría preguntarse cuál es el riesgo de morir de una persona atrapada en un balcón, y la respuesta es la misma para el vértigo y la claustrofobia, sin embargo ellas aparecieron y la idea de la parca... no.

El miedo a morir es más frecuente de lo que uno cree. De hecho más de uno que lea esto lo sabe. Es parte de la plena conciencia de la persona adulta pasar por la comprensión que en algún momento la vida se termina, luego por el análisis de qué será lo que haya después, enseguida toparse con el miedo a morir, y luego con la aceptación de la muerte y la serenidad, aunque hay gente que no llega a pasar por ese miedo, mientras que otros no lo superan.

Hubo un personaje muy conocido, no puedo recordar el nombre, un hombre serio de la ciencia que estaba convencido de que sabía el día que iba a morir. Una bruja le habría anticipado una fecha para el día en que él moriría, y desde ese entonces hasta esa fecha, vivió preparándose. Podría haber sido algo extraordinario, vivir preparándose para la muerte podría leerse como que hizo todo lo que tenía que hacer, de hecho fue una celebridad, pero en la realidad vivió atormentado, mal, angustiado. Hubiese pagado para estar esa mañana en que se levantó dejando atrás la fecha maldita. La libertad, el poder, la serenidad de saber que el destino es algo natural y no la predestinación de lo que "no se puede cambiar".

La muerte no se puede cambiar, pero sí su manera, su tiempo, lo mismo que el destino, el destino es lo que nos toca en el futuro, pero varía depende de lo que hagamos en el presente. Si me embarco en un velero de por vida, probablemente no muera cayendo de un peñasco, para poner un ejemplo rebuscado.

En fin, lo cierto es que algo debo tener yo con la muerte, aunque no sea miedo. Tal vez es lo contrario, demasiada familiaridad. Sí, pienso que es eso. No porque se haya muerto mucha gente cerca mío, sino porque me ha pasado muchas veces. Ya morí tantas veces... Como dice la cigarra, "tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí..." reflexionando el por qué el día que murió Guillo no escribí nada en el blog. Nada. No me nació, ni sentí escribir nada sobre eso. Lloré, me vacié, no comprendí, me enojé con Dios y con la vida, pero no escribí nada. Cada vez que pensaba en sentarme y escribir me descubría mirando el cuadradito en blanco de la "Entrada Nueva".

No lo voy a entender nunca, lo mismo para cuando Enrique se fue. Enrique nos salvó de tener una adolescencia infernal, fue un segundo padre para mí y para muchos de los que decantábamos en Luján frente a su fogón, y despuntábamos la guitarra, y gastábamos lo más crudo de la adolescencia bajo su mirada buena, comprensiva y divertida. Nos salvó de haber caído en pozos de donde quién sabe qué. Y cuando se fue... lo mismo. Nada. No pude escribirle nada en este lugar que tengo en la web, en este cuartito donde almaceno estas cosas que siento o que me pasan o que reflexiono.

Pero más me llamó la atención tampoco haber podido hacerlo con la muerte de papá. Esta vez no fue una sorpresa, sino el diagnóstico de que algo me pasa con la muerte. Esta vez no hubo amagues, no hubo sentadas infructuosas frente a un cuadradito en blanco. No, esta vez no me sorprendí de mí mismo al no sentir la inspiración de escribir nada. La muerte es algo tan personal, tan íntimo que cada uno la vive de una manera atípica siempre. Incluso tener las reacciones comunes es atípico e íntimo. La muerte nos expone a cómo valoramos lo que tenemos, lo que hay, lo que podemos perder, lo que nos pueden quitar. Y yo... sin escribir nada.

Entonces busqué sobre el tema. Marlene Dietrich dice que debemos tenerle miedo a la vida, no a la muerte. Miguel de Unamuno dice que "lo único que cura el miedo es el peligro auténtico. La reflexión aumenta el miedo. Los hombres que no piensan en la muerte no la temen. Pensar y no actuar es manantial de miedo. Esta es la causa del miedo de los intelectuales". Epiceto dijo que de lo único que hay que tener miedo es del miedo, y al final la muerte se podría clasificar entre los que la temen y los que no. Al final la muerte es algo abstracto, apenas un miedo, o nada. Tal vez nunca conozcamos nuestra muerte. Tal vez no muramos nunca y nos pase otra cosa que no conocemos y que la llamamos muerte. Tal vez la muerte es miedo, y eso es lo que creo que pienso yo. La muerte es miedo o es nada. Por eso yo ya morí tantas veces. Por eso creo en la resurrección. Por eso cuando uno muere, bueno o malo, se lo recuerda en sus cosas buenas, porque el que vence el miedo merece el elogio. Porque si la vida termina en la muerte, resucitar es seguir adelante. Porque así también la vida, en definitiva, se podría dividir entre los que están muertos y los que no tienen miedo.

Dolina dice que lo opuesto al amor no es el odio sino la muerte. Si la muerte es el miedo, pienso lo mismo. El miedo a dejar lo conocido para pasar a lo que no conocemos. Amar es no tener miedo. Y el evangelio dice que Dios es Amor... Tal vez ahora empiezo a entender por qué no me nació escribir sobre la muerte. ¿Qué puedo decir de la nada? Lo único que se me ocurre decir es que, al final, aunque le temamos, aunque tratemos de evitarlo, los miedos siempre vuelven en nuestra vida hasta que los superemos. Y cuando el miedo está superado, la muerte no es nada. La muerte es una actitud permanente en la vida donde morimos al miedo para resucitarnos después.

Guillo, Enrique, Viejo, vayan empezando con el asado que yo voy a llegar más tarde.



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