domingo, 27 de enero de 2013

El eje de la Creación


El cielo se iluminó, las nubes enarbolaron muros de colores ocres y amarillos, sonaron las trompetas de los ángeles que formaban en larguísimas filas y el resto del mundo angélico se reunió en gradas infinitas entre el canto intenso de los coros de los querubines que aún no se veían, tronó el tiempo, tronó la luz, y entró Dios.

Los querubines que lo rodeaban se apartaron un poco y su canto se volvió lo único audible. La majestuosa y monumental presencia inmensa de Dios se ubicó en un sitio y habló. Los querubines callaron y solo retumbó eternamente el eco de cada una de sus palabras.